La fiesta


Decidí no acudir con mi esposo al baile de disfraces porque me encontraba indispuesta. Al cabo de un par de horas me empecé a sentir mejor y opté por ir, pero sin decirle nada a Lucas. Ya le vería allí y le daría una sorpresa. La fiesta se celebraba en casa de unos amigos. Al entrar en el salón descubrí a un sinfín de personas embutidas en trajes cuyas máscaras ocultaban los semblantes.

Busqué con ahínco a mi marido, hasta dar con él, oculto detrás de un disfraz de arlequín. Qué guapo estás, dije. Y empezamos a bailar. Él parecía disfrutar. Cuando cesó la música nos fuimos al jardín, nos apartamos del resto e hicimos el amor. Resultó fascinante hacerlo con los disfraces y la máscara puestos, en un entorno de árboles, flores y pequeños arbustos.

Después regresamos a la fiesta, nos mezclamos con los invitados y le perdí. De modo que regresamos a casa cada uno por su lado.

Cuando llegué, él ya estaba allí.

— ¡Ha estado bien el polvo en el jardín!—dije.

— ¿De qué hablas?

— De ti y de mí montándonoslo en la fiesta de disfraces.

—¡Serás zorra! Si he estado toda la noche en el bar jugando al póker. —dijo mientras iba a la cocina en busca de una pistola.